![]() |
|
Historia de La Campana de los Perdidos |
|
C
En esta época
muchos trabajadores, con el fin de allegar unos recursos extras para el
sustento familiar, acostumbraban a salir temprano de la ciudad y, tras
pasar la jornada cortando leña, la acarreaban al anochecer para venderla
en la plaza de San Miguel. A bastantes de estos trabajadores les solía
ocurrir, sobre todo en los duros días invernales y debido en la mayoría
de los casos a las densas nieblas que se formaban debido a la proximidad
del cauce fluvial, el que no hallasen el camino de vuelta a la ciudad y
les sorprendiese la fría y lóbrega noche en un intento desesperado por
encontrar dicho camino de vuelta, teniendo que pasar la gélida noche
como buenamente el más puro instinto de supervivencia les asistía.
Fue
en uno de aquellos gélidos inviernos, concretamente el
de enero de 1529, especialmente crudo con lluvias
torrenciales que anegaron los alrededores del río Huerva
dejando casi imposible el paso por determinados puntos.
Un labrador se presentó en la iglesia de San Miguel en
una de esas madrugadas dando la terrible noticia de haber
encontrado los cadáveres de dos mujeres a la orilla del
río. Abrazados y rígidos por el frío reinante
encontraron los dos cuerpos inertes...y al parecer no
fueron esas dos mujeres las únicas que pagaron con su
vida el no haber podido encontrar el camino de regreso a
la ciudad.
El ilustre
clero de San Miguel, a tenor de los funestos sucesos, tuvo a bien
colocar una gran lámpara en lo alto del campanario que, ayudada por
espejos, hiciera las veces de faro sirviendo su luz como punto de
referencia en la campiña. El zaragozano viento de todos conocido y que
arrecia con inusitada fuerza en los días tormentosos arrancó el singular
"faro" en una tarde aciaga en la que perecieron varias personas por el
desbordamiento del río, unas por querer salvarse de la riada y otras por
intentar salvar a familiares o vecinos suyos.
C
Dos siglos más
tarde, cuando se despejó de malezas y árboles la zona, se suprimió la
luz y la campana, ya denominada por todos como campana de los perdidos,
siguió tocando desde las nueve de la noche en otoño e invierno y a
partir de las diez de la noche el resto del año pero de hora en hora. Un
genuino faro sonoro.
Solamente
dejó de tocar la campana de los perdidos en la época de
los sitios de Zaragoza aunque superados estos volvió a
seguir tocando aunque ya no hiciese falta pues la campiña,
otrora selvática, era un enjambre ya de caminos, grandes
avenidas y buenas carreteras. La insigne iglesia de San
Miguel tuvo a bien mantener la tradición y perseveró en
la costumbre hasta bien mediado el siglo XX. Por causas
desconocidas dejó de tocar pero a finales del siglo
apareció en la prensa local que se había decidido
mantener la tradición y seguir tocando, como hace hasta
la fecha, las treinta y tres acompasadas campanadas de
ritual , obviamente de manera simbólica.
Esta campana y
su tocar al caer la tarde hizo que a los que vagaban por la ciudad
mientras tocaba les cayera el apodo de "perdidos".
La Cueva del
Tuno S.L. - sociedad que regenta el Café-bar La Campana de los Perdidos -
quiso poner este nombre a su establecimiento por dos motivos
fundamentalmente: el uno por ayudar a mantenerse vivas nuestras
costumbres y tradiciones y el otro y más importante por estar dicha
sociedad formada en su totalidad por miembros de la Tuna Universitaria
del Distrito de Zaragoza, es decir formada en su totalidad por
"perdidos" que despiertan cuando suena la famosa campana y a los que les
gusta el reunirse mientras - como reza una famosa canción estudiantil -
quede una botella y unas ganas de cantar. |
| VOLVER A LA PORTADA |